Va por ti

11144906_955574121149317_9138817696423595257_nVa por ti, amigo. Bueno, va por dos. En el fondo, eres uno con doble careta, pero eso ya lo sé por fin. Léeme bien porque no lo repetiré más veces: sigo adelante a pesar de los pesares. Aunque te de igual, a mí no. Aunque sientas que has salido a tiempo, tu huella no se borra tan fácilmente. Y bendita sea esa realidad porque gracias a ella cuando flojee me acordaré de porque salí corriendo.

Viniste para enseñarme lo fácil que es olvidarse de uno. Viniste para enseñarme lo feo del mundo. Y aunque suene a tristeza, es hermoso comprobar como lo que realmente tiene luz brilla más que nunca. Y lo hace ahora, justo en el momento adecuado. O como dirían algunos: en el momento que tocaba. Ni antes, ni después. Ni cuando yo quería.

Viniste para quedarte, pero eso está por ver. Por el momento, yo he salido corriendo. Aunque a los demás les digas que fue al revés, yo seguiré alzando la bandera de la verdad. Y esa es universal. No entiende de idiomas, ni diplomacias ni ostias varias.

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Gracias, James Foley.

Acabo de leer la carta que James Foley consiguió hacer llegar a su familia poco antes de su muerte, y lejos de entristecerme me ha llenado de energía. ¿Cuántas veces nos habremos imaginado qué haríamos si supiésemos el día exacto en que todo pasa a fundido negro? Típica pregunta de persona aburrida, macabra o, visto desde un punto de vista más positivo, de persona que quiere pasar examen su presente. Yo lo he hecho. De refilón y muy pocas veces. Posiblemente 1 o 2. Y lo cierto es que nunca he completado la lista de las 10 cosas más importantes (o las que sean) que inexorablemente debería hacer/cumplir/vivir. Y creo que no lo he hecho por temor a descubrir que me he abandonado al miedo o al conformismo. ¡Ser uno mismo es una tarea de valientes! Sigue leyendo

El doctor Cavadas. De rico a hombre.

33_1_1134xlmedico_1247217479Hoy quiero compartir con vosotros la entrevista que ojalá hubiese hecho yo. Muchos conocéis mi admiración por Iñaki Gabilondo, pero pocas veces he concretado el motivo. Más allá de sus años de radio, de sus aventuras complejas en TV, de haber sido el mentor de muchos de los mejores periodistas de este país, del respeto que se ha ganado en el ámbito político de la información… Más allá de todo eso, mis ojos siempre veían (y así siguen haciendo) un don en este hombre: su capacidad de escucha. Convencida estoy de que justamente eso es lo que le ha permitido ser un ejemplo para muchos, porque escuchar es un oficio nada sencillo y sólo es fructífero en aquellos hombres y mujeres que siempre sienten que el “otro” es una fuente de enseñanza.

A eso llaman humildad. Yo añadiría algo más: inteligencia si la asumimos como una característica más de alguien que asume que nadie es mejor que nadie; si asumimos que todos y cada uno de nosotros tenemos algo que decir y aportar al mundo; si creemos firmemente que nada (éxito, dinero, títulos, propiedades, imagen…) nos define excepto la autenticidad que todos tenemos dentro… y que pocas veces mostramos.

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Abrazar la oportunidad

Pisando de nuevo el suelo de Madrid, con un color más oscuro en la piel y un corazón más vivo que nunca, hoy quiero abrazar la oportunidad. Y no cualquier oportunidad, sino la que te brinda la vida por ser honesta contigo misma.

Duro ha sido el viaje desde que nació este blog, pero día a día me doy cuenta de lo afortunada que soy por el simple hecho de no rendirme. Después de cada lágrima, de cada enfado, de cada frustración y de cada “no puedo más”, sonaba el teléfono, me llegaba un e-mail o un sms lleno de luz. Así es el juego: acepta, deja ir y otra oportunidad llegará.

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Guillermo de Haro y la Generación C (vídeoentrevista)

Fuente: www.ochoymedio.com
Fuente: http://www.ochoymedio.com

A Guillermo lo conocí hace unos meses gracias a Google. Y no busco dar publicidad, sino contextualizaros en el entorno que me permitió encontrar a este gran tipo. Como desempleada, pude acceder a un curso de marketing digital financiado por el Dios que todo lo ve y todo lo sabe, y él era el profesor que muchos esperaban escuchar a lo largo de aquellas jornadas de formación. Yo, sinceramente, no tenía ni idea de quién era. Me sonaba aquel apellido, y después supe que era porque había leído algún artículo suyo en Jot Down (¡amén!). En fin, la cuestión es que pronto entendí la fama positiva que le rodeaba: sus clases eran una mezcla de conocimiento de peso con ligerezas de ironía bien estudiadas. Captaba la atención y si te ausentabas, te sorprendía con un chascarrillo de esos que universalmente a todos nos gustan. Sigue leyendo