Abrazar la oportunidad

Pisando de nuevo el suelo de Madrid, con un color más oscuro en la piel y un corazón más vivo que nunca, hoy quiero abrazar la oportunidad. Y no cualquier oportunidad, sino la que te brinda la vida por ser honesta contigo misma.

Duro ha sido el viaje desde que nació este blog, pero día a día me doy cuenta de lo afortunada que soy por el simple hecho de no rendirme. Después de cada lágrima, de cada enfado, de cada frustración y de cada “no puedo más”, sonaba el teléfono, me llegaba un e-mail o un sms lleno de luz. Así es el juego: acepta, deja ir y otra oportunidad llegará.

Y para los escépticos: ¿quién es Dímpel Soto?

Hoy por hoy, permanecen muchos baches en el camino, pero sigo andando. Y si algo he aprendido es que los sueños no son falacias, sino formas de vida que hay que saber cuidar, defender y priorizar. Y en gran medida lo sé porque todos los que seguís este blog es porque habéis localizado paralelismos entre mi vida y la vuestra, o bien, porque estáis buscando un camino de verdad. No el que se os supone. No el sencillo. El de verdad.

Seguid adelante. Lo único importante en este breve viaje de la vida es levantarse sintiendo que nuestro papel en el mundo tiene un sentido o, por lo menos, que está medianamente definido. Que sabemos qué queremos, qué necesitamos y qué nos sobra. Y no hablo de grandes éxitos, ni de dinero, ni de prestigio, ni de materiales pesados… Os hablo de motivación e ilusión. De aquello que nos empuja a madrugar sin demasiados regañadientes; de aquello que copa nuestros momentos en soledad; de aquello que nos enorgullece compartir en la cama con alguien; de aquello que nos compensa los días difíciles; de aquello que nos roba una sonrisa; de aquello que nos empuja a seguir viviendo intensamente. De aquello por lo que volveríamos a empezar de cero si hiciese falta.

Y ese motor puede ser una profesión, un sentimiento, un proyecto, una persona o un simple viaje pendiente. Sea cual sea vuestra motivación, dadle gasolina a ese motor, levantad la capota y pisad el acelerador. Sin miedo.

Vivid.

Yo hace un año lo hice (aunque creo que lo llevo haciendo desde que nací) y mi ruta no ha estado nada mal.

Tengo los bolsillos llenos de todo menos de dinero.

Pero poseo experiencias, amigos, una ciudad nueva, un año más de vida, conferencias, libros, conversaciones, trabajos puntuales y CONOCIMIENTO.

Así que no lo debo estar haciendo del todo mal…

Y no reniego de aquellas ocasiones en las que he estado a punto de caer al precipicio por falta de economía o de fuerzas. Y no lo hago porque fueron justo en aquellos instantes cuando algo pequeño, inesperado, pero suficientemente poderoso para encender este ordenador de nuevo se me revelaba. Es como si hubiese alguien ahí arriba que te lleva al límite para, al final, darte impulso hacia arriba con su mano. Y lo cierto es que aquí me tenéis: sigo escribiendo, sigo sonriendo cuando me llamo periodista y sigo agradeciendo a la vida que me permita hacerlo. Es por eso que creo que este último suspiro que le queda a 2014 trae consigo cosas muy buenas. Y no por arte de magia, sino como un producto final derivado de la perseverancia, de aceptar la incertidumbre y de no perder la confianza en un sueño.

El mío es comunicar.

¿Y el tuyo?

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