“Te echo de menos”

La incerteza y el temblor de no saber el qué. Esa forma de mirar al otro con desconfianza, pero no poder resistir acudir al lugar. Echo de menos todo eso. Y la rapidez del momento, el sin sentido de mezclar palabras y aliento sin conocer la profundidad de ambos. Dos desconocidos que no sabían si querían conocerse, pero que aceptaron ver simplemente la punta del iceberg. Lo demás… no dio tiempo. No se lo di.

Qué temeroso es el ser humano, o que sensato. Cuántas respuestas tenemos para todo cuando la edad es primeriza, y cuántas preguntas nos hacemos con la madurez. Arrolladora la primera, asustadiza la segunda. Línea roja la primera, paso de peatones la segunda. Insensata la primera, intuitiva la segunda.

Pero los años están para eso: para escucharnos y hacernos caso. Ya no todo lo de antes es suficiente. Ahora, el tiempo se acorta y la paciencia suena a pasado. Hoy necesitamos entender, escuchar y manejar la confianza. Somos rancios del riesgo, pero espléndidos con nuestras necesidades. Las más emocionales, las más complejas. Una pena, sí.

Crecemos para aprender a decir no, aunque deseemos decir sí. Curiosa cobardía la de la edad. Echas de menos, pero necesitas de más. Mejor así. Que pase el tiempo.

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