“Ya tengo respuestas (algunas)”

Quien me conoce sabe que analizo milímetro a milímetro todo lo que sucede a mi alrededor. A veces, de forma compulsiva porque un día, siendo muy pequeña, me autoconvencí de que venimos al mundo a cumplir un cometido, pero como carecemos de mapa de ruta es el devenir del tiempo el que te va dando pistas. Por eso, paso a paso, experiencia a experiencia, de dolor en dolor, de placer en placer, me he ido parando en seco para tomar nota. Y siempre me ha ido bien. Siempre ha habido una vocecita interior que me susurraba “vas bien”. Y gracias a ella he arrasado, más que vivido. He corrido, más que paseado. He escuchado, más que hablado. Y por supuesto, he dejado más que retenido.

No es un reproche a la vida. Ni mucho menos. Yo escogí querer saberlo todo, y grandes han sido las satisfacciones que he obtenido, pero cuando quieres avanzar demasiado rápido es inevitable que un día te percates de cuán desorientada estás en el fondo.

Y este fin de semana el pasado me ha hecho una visita. Un pasado que configuró un ámbito de mi vida a fuego en sangre. Por aquel entonces yo tenía 20 años, y con 24 se acabó. 4 años donde me descubrí como mujer y como niña. Como niña porque era la que siempre estuvo más presente, pero eso lo sé ahora. Ahora sé que buscaba lo que entre juguetes y parientes nunca pude obtener, y no culpo a nadie. En el fondo, nunca fui una niña de libro. Quería saber demasiado. O quería demasiado.

Y reaparece justo ahora. Aquí. En Madrid. Y en este preciso instante de mi vida. Cuando todo va en camino de la regeneración y soy serena en el andar porque no sé muy bien hacia dónde voy. Pero aquí de nuevo la vida te trae mensajes. Mirarle a él ha sido ver quién fui y quién he seguido siendo. Qué tuve y que he dejado de tener. Qué daba y qué he dejado de entregar.

Y una respuesta sí que he obtenido: ya va siendo hora de quitarme de encima aquello que no me gusta de mí misma. Dicen que en los demás vemos algo de nosotros -casi siempre lo feo-, y no podría ser más verdad. Ya no es cuestión de quién atesora la culpa o abraza el victimismo. Lo importante es que lo tienes enfrente de ti y debes hacer algo con eso. Avanzar. Madurar y perdonar. A nadie en concreto y en exclusiva a alguien. Contradicciones del ser humano.

Algunos lo llaman ciclos y otros afirman que la vida gira en círculos y que siempre volveremos al lugar donde empezamos. Si es así, el próximo destino será mucho más lejano. A 30 años luz donde vive una niña sentada en el bosque, rodeada de animales, y asustada. Una niña que sólo quiere que le cojan de la mano y le digan que es bienvenida.

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