“A ver si aprendo a ser más humilde…”

Nunca tuve miedo al paso del tiempo. Nunca. Creo incluso que desde muy niña deseaba crecer, madurar y caminar. Caminar sola. Era mi fantasía de libertad y de hacer algo más allá de mi parcela. Pero supe esperar. Aprendí muy rápido esa ley universal de la vida: todo en su justo momento. Mientras tanto, fui una buena niña. Rarita, pero que siempre supo encajar allí donde estar. Querida por la familia que sí escogió, y la desesperación de la que no. Ahí comencé a entender muchas otras cosas, pero que hoy no son de recibo. Ya me enfrentaré a ellas. Hoy no.

Hoy, una semana después de cumplir 30 años, me siento como entonces: feliz de envejecer. Sigo convencida de que año que pasa, más profundas son mis huellas. Más sentido tiene mi existencia y más lúcido es cada día mi sino en este mundo. Pero también creo que es el momento de reconocer algo: que no sé nada porque muchas preguntas siguen sin respuesta. Al final, la vida adulta no es tan sincera como esperaba. De hecho, en ocasiones me siento como aquella mocosa que preguntaba todo una y otra vez, que se fustigaba cuando lo justo no imperaba y que corría sin cesar para ver la meta del momento. Pero lejos de querer sentirme la víctima facilona, asumo que no soy nadie para obtener las respuestas que seguramente todo el mundo se plantea. Ni soy especial, ni más digna que nadie. Humildad. Eso es lo que debería sellarme a fuego intenso en la piel. Y si tengo que esperar, esperaré. Y si nunca nada llega… Bueno, ya veré qué hacer.

El 3 de mi edad biológica es la muestra de que sigo adelante -como todos- y el símbolo numérico de mi fórmula de vida: trabajo + trabajo = resultados. Pero que no se confundan los términos: todos esos factores son la ecuación de cualquier ámbito de mi vida. Y siempre me han llevado allí donde he querido, aun y a pesar de que el destino no fuese lo que me había imaginado durante el trayecto. Pero llegué. Cumplí con lo propuesto. Y aquí llega la jodida incoherencia de la vida: acabo de cumplir aproximadamente 10.950 días, y mi presente es la confusión elevada al cubo. ¡Quién me lo iba a decir! Algunos lo llaman crisis existencial, yo lo llamo crisis económica. No job, no future.

Tanta cultura del esfuerzo, y me siento con el culo al aire. ¿Ves? Un poquito de humildad en dosis más constantes me hubiera facilitado este episodio de mi historia. O puede que no sea humildad lo que me falta, sino paciencia. O tolerancia con lo injusto. O tolerancia conmigo misma. O aceptar que nada sucede porque sí.

Sea como fuere, aquí estamos. Escribiendo.

Caminando.

Caminando.

Esperando.

Molestando.

Caminando.

Sola.

Caminando.

Escuchando.

Intentando.

Caminando.

Sola.

Escribiendo.

Caminando.

Creyendo.

En mí. En Abraham Maslow.

En la punta de la pirámide.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s