Lo que no te pude decir

Nunca un no fue tan misteriosamente hermoso. Nunca un no careció de objetivo en el que concentrar enfado, frustración o simplemente el más burdo de los insultos. Pero es que la vida te reserva esas pruebas para que te des cuenta de que no sabes absolutamente nada de ti mismo, ni de lo que significa aspirar a la excelencia.

No te arrepientas. Eso es lo que no te pude decir. No te arrepientas de los motivos que sustentan la mañana de hoy, porque si ha sido acertado o no que nuestras mentes no crezcan juntas lo dirá el tiempo. Sólo él.

Hoy querría ser otro tipo de mujer, que el lugar que deseaba no estuviese en manos de alguien que se lo merece y que Madrid no fuese la capital de todo. Pero, en el fondo, sin todo eso no podría haber sobrevolado las nubes durante estas últimas semanas. Con eso me quedo. Con el casi. Con Helena. Con Marta. Contigo. Con los sueños y con el insomnio que merece la pena. Porque todo lo ha valido. Todo. Y por encima de cualquier razón: tú y mis ensoñaciones intelectuales.

No te arrepientas.

Gracias por empatizar conmigo. No vuelvas a dudar nunca más de tu capacidad social, y dile(s) que se vaya(n) al carajo a la(s) persona(s) que te encasillaron. No olvides que sólo tú has conseguido que un NO sea lo más balsámico que jamás podría haber experimentado. Y no te niego el dolor, que es profundo, pero te entiendo. Nos entendemos.

Seguiré. Hacia dónde no lo sé. Hoy, de momento, te doy las gracias. Por todo menos por el No. Pero no te arrepientas…

O sí.

Hasta siempre, mentor.

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